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La tarea de protección de la infancia requiere urgente una coordinación de las diferentes redes

Una y otra vez salen a la luz pública relatos muy duros relacionados con vulneraciones graves a niños y niñas en nuestro país. Esta es una realidad muy dolorosa, que nos debiera interpelar a todos, sobre todo a quienes son los primeros responsables de dar respuestas a estas situaciones, como lo son las instituciones públicas llamadas a velar por el bienestar de los niños, niñas y adolescentes en nuestro país.

En María ayuda estamos desde hace un tiempo experimentando el contacto con esta realidad, sobre todo en las ciudades donde tenemos Residencias para Madres Adolescentes, en donde son acogidas niñas adolescentes que han sido gravemente vulneradas y se encuentran en conflicto con embarazo o maternidad. Allí vemos cada vez con mayor crudeza las consecuencias de la cercanía, y asedio de este flagelo; donde niñas que se encuentran en mayor situación de indefención y riesgo, se ven más expuestas al contacto con círculos de la droga. Eso, con consecuencias graves para ellas y riesgos sobre todo para sus bebés. Desafiando a los equipos, a la infraestructura y a los recursos de las residencias, en tanto la abstinencia y la resaca asociada, así como la violencia apareja a estos círculos, se expresa con desajustes que repercuten en otras jóvenes del hogar que las protege.

Hemos dicho muchas veces que esta tarea de protección de la infancia requiere urgente una coordinación de las diferentes redes, entes públicos y privados, tribunales, ministerio público y entidades privadas; sin embargo, desgraciadamente los hechos nos muestran que, este drama no es abordado en forma conjunta, coherente, ni integral; y carentes del respaldo mancomunado de unidades de intervención especializadas, todos los esfuerzos parciales que podamos hacer sólo son hoy insuficientes. Es hora de mirar esta realidad interpelando y exigiendo la incorporación de los organismos especializados en temáticas de droga, para que de forma prioritaria ayuden a intervenir con las adolescentes, orientar estrategias para frenar el acceso de estas redes a las niñas y adolescentes -cuyas familias ya no pudieron protegerlas-, para que así, quienes trabajamos en el ámbito de la protección y reparación, podamos colaborativamente centrarnos en el acompañamiento y provisión de experiencias vinculares nutricias, significativas y modeladoras, para que la vida y la salud de niñas y sus bebés, se vean resguardadas de todo peligro y tengan la esperanza de proyectos vitales más saludables.

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