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La importancia de la vida cotidiana en las residencias

María Ayuda, es una corporación de beneficencia colaboradora del Sename, que tiene como tarea cuidar y proteger, anualmente, a más de 300 niños, niñas y adolescentes vulnerados en sus derechos a través de 16 programas de atención social a lo largo del país. Somos los responsables de recuperar la infancia de cada uno de ellos y ellas, una ardua tarea, 24/7 y que no puede parar bajo ninguna circunstancia.

Dentro de nuestro modelo de intervención, el que tiene como hilo conductor un proceso de reparación para los niños, niñas y adolescentes (NNA), contamos con profesionales que tienen el propósito de apoyarlos a través de un trabajo enmarcado en la vida cotidiana en las residencias.

Se trata de los y las Terapeutas Ocupacionales, un cargo relativamente nuevo, pues hace dos años se propuso incorporar esta disciplina, como una apuesta metodológica en torno a reconocer el rol de carácter terapéutico que tiene la vida cotidiana, como un espacio de resignificación, de protección y también de educación para la infancia.

De esta forma, se genera una atmósfera tratante, como elemento fundante en la pedagogía de los vínculos de Schoenstatt, reivindicando el espacio vincular, el contexto, la armonía de los espacios, siendo parte del proceso reparatorio, abriéndoles nuevas posibilidades de relacionarse con el mundo, apuntando también a que estas instancias sean compartidas con sus familias y adultos significativos.

Así, se establece una continuidad de la atención que entregamos, considerando que la estadía en una residencia debe ser un periodo transitorio en la vida de los NNA, con vías a que se puedan reinsertar en su grupo familiar en el más corto plazo posible, por lo tanto los y las TO han comenzado a tener un rol de transformación y entrega psicoeducativa hacia los adultos que se hacen cargo de los niños durante su estadía luego a su egreso.

“Realizamos una amplia gama de actividades que busca empoderarlos respecto a su cotidianeidad, donde llevamos a cabo asambleas en las que intencionamos que ellos participen de las decisiones que se van tomando en las residencias en relación a los talleres que hacemos con ellos. Así hemos logrado mayor sentido de pertenencia de los niños, niñas y adolescentes, impulsado el compañerismo, el trabajo en equipo, entre otros aspectos, explica Daniela Quitral, terapeuta ocupacional de la residencia de Rancagua.

Por otro lado, los y las TO, tienen tarea de crear rutinas diarias dependiendo del ciclo vital en el que se encuentran los niños, niñas y adolescentes, generando así espacios de desarrollo. “Durante la pandemia, el trabajo de vida cotidiana ha tenido que reformularse, donde principalmente hubo que abocarse al área educacional. Creamos una estrategia que se llama “la escuelita” para generar el mismo ambiente escolar. También tenemos la colaboración de la fundación “Conectado Aprendo” la que nos entrega un tutor especializado por niño. Por otra parte, hemos implementado una rutina acorde al estado de confinamiento que estamos viviendo, llevando todas las intervenciones de manera online”, finaliza Daniela.

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