Padre Francisco Pereira cuenta cómo sobrellevan los tiempos de pandemia con 500 menores en los hogares de María Ayuda

Les devolvieron los chicos hospitalizados por problemas de salud mental para dejar camas libres, cuidadoras se han llevado menores a sus casas y contrataron buses escolares para transportar al personal.
Si para cualquier familia ha sido complejo mantener ocupados y entretenidos a los niños en sus casas, sin colegio, durante el estado de catástrofe por la pandemia del covid-19, cuesta imaginar cómo lo puede hacer una institución protectora, con 500 menores en residencia a lo largo de todo el país.

Es lo que devela el padre Francisco Pereira, de la Fundación María Ayuda, cuando ya se cumplen 43 días desde que se suspendió el funcionamiento de los colegios. Y no solo eso: ‘Niños que estaban hospitalizados por graves problemas de salud mental son devueltos al hogar porque hay que hacer espacio de camas por el coronavirus’.

Educación sin colegios, el mayor desafío

Ha sido un tiempo de adaptación absoluta de toda la vida interna en los hogares. ‘La educación ha sido uno de los desafíos más importantes. Porque si una familia tiene que lidiar con dos o tres hijos, imagínese en un hogar donde hay 20 niños; es muy cuesta arriba para la educadora de trato directo estar acompañando el proceso de escolaridad de los niños. La residencia se transformó en un colegio, sin tener las personas adecuadas para ello’.

—¿Y asisten a clases por videoconferencia?

—Eso es utópico, porque la mayoría de los niños en vulneración no puede seguir el sistema de videoconferencia. Y tener a los niños todo el día en la casa, con un sistema de horario, sin que vayan al colegio, es un doble encierro. Ir al colegio es una forma de integración a un espacio normal.

Acota: ‘Si bien para nosotros sería ideal que volvieran a clases lo antes posible, nos tendremos que adecuar a lo que las autoridades determinen, y adaptarnos a esta realidad, asumiendo que puede ser un largo tiempo todavía sin clases’.

El encierro, ‘un doble castigo’

Reflexiona que los chicos ‘ven el encierro como un doble castigo, porque no pueden salir ni tampoco recibir gente’.

Y explica: ‘Una de las primeras medidas que tomó Sename ante la pandemia fue la prohibición de visitas: ni voluntarios, ni familiares, ni nadie fuera de los niños y del personal. Y eso ha sido bien complicado. Se produce un doble aislamiento, que tiene consecuencias muy claras para la rutina diaria: hay que pensar en cómo estudian, cómo ocupan el tiempo libre’.

Pero, cuenta, se prepararon para el aislamiento. Y en ese proceso, muchos niños se fueron con las educadoras a sus casas, para dejar los hogares con el menor número posible de chicos. ‘Siguen bajo la protección de María Ayuda, pero temporalmente donde la educadora de trato directo’.

Dice que una de las cosas más difíciles del encierro ha sido mantener el clima, porque en un espacio cerrado aumentan los conflictos y crece la tensión. ‘Hemos tenido que separar a los más chicos y llevarlos a casas distintas, para que puedan hacer un vida más llevadera’.

Se pusieron de moda dos profesiones

También ha sido un desafío el cuidado de la salud. ‘Llevamos gastados más de 20 millones en insumos de salud: mascarillas, alcohol, termómetros infrarrojos, los guantes, los zapatos… Solamente en la etapa preventiva, porque no hemos tenido ningún contagiado en nuestros hogares. Gracias a Dios, en estos gastos, todos los insumos de salud se rinden al Sename después, para que lo devuelva. Son fondos de emergencia’.

Comenta que han surgido dos profesiones que se han puesto de moda en las residencias: las terapeutas ocupacionales, que deben hacer el programa de actividades durante la jornada, incluidos todos los talleres, y el monitor deportivo, que es un profesor de gimnasia a cargo de la actividad física.

‘También ha significado ponernos al día en toda la conectividad. Tuvimos que poner televisión en todos los hogares, con Smart TV y Netflix para que puedan ver películas. Banda ancha móvil para lugares que están más lejos. O sea, la conectividad mejoró a raíz de la pandemia,’.

Cómo hacer para que el personal llegue a trabajar, se convirtió en una de las tareas más duras. Aumentaron las licencias médicas y han tenido que contratar a muchas personas extra, además de furgones escolares para trasladar al personal. ‘Hemos tenido que aumentar los turnos, y eso significa contratar más gente para que el personal no se quede en la casa con motivo del miedo al contagio durante el trayecto. Imagínese una persona que vive en Lampa y tiene que llegar a trabajar a La Florida’.

Captación de fondos en crisis

Además de aumentar los costos, la captación de recursos a través de donaciones se volvió una misión casi imposible. Este año, María Ayuda no puede hacer colectas en la calle y suspendieron la Cena Anual del 30 de agosto. ‘Son cien millones menos’, medita, cabizbajo, Francisco Pereira.

‘Esto va a impactar de todas maneras en los presupuestos de todos los hogares. Cada persona que deje de dar es un daño enorme para la subsistencia del hogar. Pero aspiramos a que los que están aportando puedan aumentar su donación, porque ven que estamos complicados. Contamos con que toque al corazón de mucha gente el saber que aquí están los niños, que hay un mañana dentro de la sociedad’.