• Son varias las instituciones que realizan colectas en terreno durante el año para recaudar dinero o captar nuevos socios. Las mismas que estos últimos meses, con el estallido social y la pandemia del covid-19, han tenido que buscar nuevas formas para poder financiarse.

La situación país nos ha afectado a todos de una u otra manera. En nuestras familias, en nuestros trabajos, en nuestro día a día, algo que ocurre también con cientos de niños, niñas y adolescentes acogidos en hogares a lo largo del país y que dependen de los aportes de terceros para poder tener una vida mejor.

Son más de 700 de ellos los que acoge María Ayuda anualmente. Niños, niñas y adolescentes que han sido víctimas de maltrato, abuso, negligencias y vulneración de sus derechos y que, a través de la orden exclusiva de un juez, buscan ser tratados en residencias o a través de programas de ayuda ambulatorios.

En el escenario actual en que nos encontramos, con un estallido social aún latente y una pandemia que nos ha obligado, por nuestra salud, a quedarnos en casa, es un desafío para organizaciones sociales como María Ayuda replantearse actividades tan clásicas como la Colecta Nacional, que este año, se tendrá que hacer en forma digital y en la que se espera tener un éxito que supla la carencia del trabajo en terreno.

María Ayuda cuenta con 400 colaboradores a lo largo de Chile, donde 360 de ellos, trabajan directamente en las residencias con los niños y niñas. El resto, corresponde a la dirección y trabajo administrativo de la corporación. El proyecto de captación en calle, que permitiría crecer en forma exponencial en número de socios, desgraciadamente, hubo que suspenderlo por la pandemia.

Es difícil calcular el gasto exacto que genera un niño o niña de las residencias de María Ayuda, pero si se traduce en el trabajo de las tías, los equipos profesionales como psicólogos, terapeutas ocupacionales y trabajadores sociales, las horas de psiquiatras, la mantención de infraestructura, servicios básicos, alimentación, vestuario, medicamentos y otros gastos normales de cualquier familia, se podría llegar a un millón de pesos por niño al mes.

#NosQuedamosEnCasa, pero, lamentablemente, no se consiguen nuevos aportes. Hoy, los potenciales socios están en cuarentena y con demasiada incertidumbre del futuro econmómico. Las empresas, en escenarios de reducción de presupuestos, despido de trabajadores y cierre obligado de la entrega de bienes y servicios. Es por ello que, pedir que se unan a esta maravillosa causa de romper el círculo del maltrato y lograr el desarrollo de personas libres y solidarias, puede ser muy difícil.

Los socios financian un poco más del 50% de los costos de operación de los 17 programas de María Ayuda. Y la colecta es parte importante de ese total.

“Los ejecutivos de captación de fondos de nuestra corporación de beneficencia han continuado con su importante labor, trabajando desde sus casas, por autocuidado y para no exponer a otros, pero lo cierto es que ellos están acostumbrados a visitar a socios y potenciales socios. Moverse mucho. Hoy están haciendo un trabajo telefónico desde sus casas, pero aún el sistema de recaudación de los bancos exige presentar papeles físicos y firmados por los colaboradores. No pueden ser digitalizados y eso, en un estado de cuarentena y de distanciamiento social, dificulta mucho el trabajo”, explica Jorge Gómez, director comercial de María Ayuda.

Luego agrega, “entendemos que hay muchos que no podrán aportarnos. Pero confiamos en que son aún más, los que, con esfuerzo, pueden aportar, porque los niños, niñas y adolescentes de María Ayuda, siguen necesitando de nosotros para poder sanar sus vínculos y crecer como personas íntegras para construir una sociedad mejor”.