El buen trato en la infancia como una prioridad de las familias chilenas

 

Según Unicef, al año 2000, el 73,6% de los niños en Chile sufrían violencia física o psicológica por parte de sus padres u otros parientes.

La psicóloga Elvira Calcagni entrega valiosos consejos para poder establecer vínculos de respeto con los hijos y para que los padres puedan guiar el comportamiento de los pequeños en el resto de sus relaciones sociales.

¿De qué hablamos cuando hablamos de buen trato en la infancia? Desde una perspectiva simple, se considera que un espacio en que se vive el buen trato es aquel donde se experimentan relaciones saludables, es decir, donde las personas se sienten vistas, reconocidas, acogidas y pueden interactuar libremente sintiéndose seguras: Nos referimos a familia, colegio, amistades, por mencionar los más importantes.

María Ayuda, en su permanente labor de poner a la infancia en la agenda pública, conversó con la psicóloga clínica Elvira Calcagni, quien viene trabajando sobre estos temas desde hace años. Entre otras cosas, fue una de las profesionales responsables del programa de control de bullying que se aplica, con resultados positivos, en el Colegio Sagrados Corazones Manquehue.

Comenzando con un saludo en la mañana

 

Para Calcagni, el buen trato en la infancia comienza por reconocer a los niños y niñas como personas únicas, que merecen ser aceptadas en sus necesidades y conducidas con cariño en el proceso de madurar. “En esto se incluye desde que te saluden en la mañana, te identifiquen por tu nombre y no por un apodo ofensivo o burlesco, hasta que te inviten a participar en distintas dinámicas grupales y consideren tu opinión. Implica también vivir en un clima o espacio donde puedo experimentar relaciones positivas, que me invitan a existir.  Un ambiente donde se vive mal trato sería un espacio en el cual yo no me siento visto, es decir, donde no puedo ser”, sostiene. La clave para la psicóloga está en la palabra vínculo: “Eso es la experiencia que uno tiene con algunas personas, ojalá con todas, en las que yo dejo de ser parte de un fondo para pasar a ser una figura. Todos necesitamos ser figuras, que nos vean   nos reconozcan y nos inviten a existir en su presencia tal cual somos. Evidentemente, no podemos serlo en todos lados, pero necesitamos al menos de algunos espacios donde podamos serlo sin problemas”.

Las estadísticas a nivel global refuerzan la importancia de establecer relaciones sanas con nuestros niños. Según Unicef, al año 2000, el 73,6% de los niños en Chile sufrían violencia física o psicológica por parte de sus padres u otros parientes. En contraste, solo un 26,4% de niños y adolescentes nunca había vivido alguna situación de violencia en el hogar.  Números más recientes, como los de la Encuesta Nacional de Victimización del Ministerio del Interior, de 2012, cifraban en un 75% a los niños que habían sufrido algún tipo de violencia de parte de sus cuidadores. Y, por otro lado, la Encuesta Longitudinal de Primera Infancia, ELPI, de 2017, señaló que el 62,5% de los padres utilizaron métodos de disciplina violentos en la crianza de sus hijos.

Pese a estos números, Elvira Calcagni es optimista. “Cuando uno ya empieza a hablar de algo, el lenguaje crea realidades. Cuando les pones nombres a las situaciones y cuando un niño es capaz de decir que se siente bien o mal tratado, esa situación empieza a existir para otro y se puede hacer algo al respecto”, comenta.

Consejos para instaurar el buen trato en la casa:

 

-Romper con creencias antiguas: “Muchos padres dicen a sus hijos frases como ‘si te pegan, tú le pegas de vuelta’ o “son bromas, en todos lados pasa’. La gran diferencia que tenemos los humanos de los animales es el lenguaje y hay que cuidarlo porque crea realidades, aprender a detectar las frases inadecuadas y utilizarlo para abordar situaciones difíciles”.

-Reconocer sus denuncias: “En muchas ocasiones solemos descalificar sus opiniones o minimizamos lo que nos cuentan. Hay que escucharlos con atención y considerar   sus sentimientos, inquietudes o problemas, involucrándonos en la solución”.

-Respetar la jerarquía del hogar. “A los niños hay que darles opciones, no preguntarles todo. Una de las características de un vínculo sano es la jerarquía para el cuidado. Los más grandes sabemos un poco más de la vida, tenemos más madurez y podemos adecuar nuestro comportamiento a los distintos contextos. Los niños, por la etapa de desarrollo en que se encuentran, todavía no. Es cosa de ver a un niño en una heladería: quiere probar todo. El adulto debe guiarlo y darle opciones para que el menor no se sienta sobrepasado o ansioso ante demasiada oferta.”.

-Existe una regla de oro a la que podemos recurrir siempre, y es “Tratar a los demás como quisiésemos ser tratados”, asi nos conectamos con los sentimientos, nuestros y de nuestros niños es lo que llamamos: Empatía.