Todos, luego del 18 de octubre de 2019, hemos escuchado la frase “Chile cambió”, incorporándola en nuestras conversaciones; para bien o para  mal, para explicar alguna consecuencia que haya repercutido en nuestras vidas. Pero esta frase debiera interpelarnos, llevarnos a pensar qué ha cambiado, y especialmente, dado todo lo ocurrido, qué quisiéramos que cambiara en el futuro. Lamentablemente, durante este tiempo, las causas referentes a los niños en residencia dejaron de escucharse en los medios de comunicación, así también, se perdió la prioridad de las materias de infancia en la discusión legislativa. Y, más lamentable aun, nos lleva a pensar que los niños, niñas y adolescentes, sólo son prioridad cuando existe un hecho que lamentar.

Esta situación, lejos de paralizarnos, debe movilizarnos a pensar qué necesitan los niños, niñas y adolescentes de nuestro país hoy para estar mejor. Y, aún más cercano, qué necesitan los niños de María Ayuda hoy. En este sentido, lo primero es recordar y recordarnos que los niños, niñas y adolescentes sujetos de atención de Sename, y por ende, de María Ayuda como colaborador acreditado, son parte de la población más vulnerada de nuestro país. Así es como es fundamental durante este año 2020 que volvamos a poner a los niños en el centro, primero en nuestros corazones y después también, en el centro de la discusión pública, de la discusión universitaria, de los foros, paneles, seminarios, cabildos, incluso en las propias conversaciones de sobremesa los fines de semana. La reflexión y el análisis nos llevan a encontrar soluciones en donde a veces sólo se veía un problema.

Durante los últimos años ha aumentado significativamente la oferta de los programas ambulatorios de Sename, es decir, los programas que no implican alojar en el lugar y que se asocian con las prestaciones en el área local, por ejemplo, programas con enfoque preventivo o programas reparatorios especializados, y esto tiene sentido porque la internación en residencias debe ser siempre el último recurso; sin embargo, existe un grupo de niños, niñas y adolescentes que sí van a requerir esta modalidad de atención; donde por la gravedad, cronicidad y complejidad de la sintomatología traumática se va a requerir una nivel de especialización y recursos mayor, coherente con las necesidades de dignificación y reparación que presenta el 4% de la población más vulnerada del país. Pero hoy en el ámbito residencial se presenta una situación crítica: hay escasez de oferta programática en cuidado alternativo residencial y casos de altísima complejidad. El año pasado se logró aumentar la subvención para los colaboradores acreditados de Sename, a través de la publicación de la Ley N° 21.140, y eso fue una alegría y un avance porque vino a cubrir parte de un déficit, pero ello está muy lejos de lo que se necesita, no permite, en lo más mínimo poder remediar la situación. Necesitamos que los niños dejen de estar invisibilizados, y esto es una tarea transversal a todos los espacios de intervención. En la actualidad hay muchos niños, niñas y adolescentes que, para poder salir adelante, requieren tratamientos de altísima especialización, sobretodo en el ámbito de salud mental. Y hoy el sistema de protección de la infancia no cuenta con una respuesta para ellos. Esto es algo realmente urgente porque si es que no se les entrega el tratamiento adecuado, será muy difícil poder resignificar experiencias de vulneración grave de sus derechos.

Visibilizar las necesidades de los niños en residencia en todo ámbito y que mejoren las prestaciones concretas en el ámbito de la salud mental de nuestros niños, niñas y adolescentes debieran ser uno de nuestros principales desafíos 2020.

María Ayuda, a pesar de las dificultades, se ha posicionado como un actor relevante a nivel nacional y regional en la discusión pública, que da respuesta y es capaz de incidir con el objeto de mejorar las condiciones en que se encuentran los niños, niñas y adolescentes más vulnerables del país.

“Quien tiene una misión ha de cumplirla” PJK  

Francisca González Echávarri