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Un gran desafío para María Ayuda


Los niños y niñas vulnerados en sus derechos que no pueden vivir en sus propias familias han sido por años nuestra preocupación y desvelo. Por mucho tiempo hemos salido al encuentro de una realidad dura y dramática, cual es, la de ver que ellos, los niños, desgraciadamente no han sido una prioridad en la política pública.  Así es, ellos por años no fueron prioridad, cuando se trataba de tomar decisiones en su favor para sacarlos de las graves vulneraciones que él mismo sistema les imponía. Recordemos que recién cuando se visibilizó el drama de cientos de niños, con números alarmantes de fallecidos en el sistema, se tomó conciencia de la precariedad en que ellos vivían en tantos lugares de nuestro país.

Hemos luchado por años , por una parte con la insostenible escasez de recursos para llegar a un nivel mínimo de dignidad , que estamos lejos aún de alcanzar, ( recordemos que recién este mes de septiembre hemos logrado para el sistema residencial a través de una ley corta el esperado aumento de la subvención estatal por niño ) , pero por otra parte , con las graves  situaciones humanas de los niños que hay que afrontar en cada residencia, con los trastornos conductuales , fruto de las profundas heridas que produce la vulneración de un niño  y las numerosas patologías psiquiátricas que  desbordan permanentemente las limitadas capacidades de nuestro personal.

Son cada vez menos los niños, niñas y adolescentes que son derivados por los jueces de familia a una residencia, (no son más de 5.000 de un total de 140 mil qué hay en el sistema de protección), lo que significa que aquellos que sí son derivados, no han tenido de verdad ninguna otra alternativa en el sistema. de protección. Y si son menos, la calidad de la atención se transforma entonces en una prioridad de nuestro trabajo.

¿Cuál es el gran desafío que tenemos para el tiempo que viene? Es el de poner nuestro foco y nuestro esfuerzo en el estándar de calidad de atención con que queremos realizar nuestro trabajo. Un estándar que significa por un lado tener para nuestros niños y niñas residencias familiares, como las que quisiéramos para nuestros propios hijos, pero por otra parte dar respuesta a las graves complejidades producto del daño en la salud mental de nuestros niños, aspecto que se nos hace cada vez más difícil de abordar por la falta de redes de apoyo para ello.

Para el primer desafío, estamos dando los primeros pasos de la construcción de una residencia modelo, que sea una respuesta a lo que por una parte se ha definido desde el Sename como una “residencia familiar”, pero también desde lo que María Ayuda en estos 36 años ha propuesto como un lugar cálido y familiar para que lo habiten nuestros niños con el máximo de dignidad que se requiere.

Si Dios así lo quiere en 2 años más tendremos ya terminada esa primera residencia familiar modelo, con todos los estándares exigidos por la ley.