Noticias

Preocupante salud mental en niños, niñas y adolescentes en residencias


Las cifras van en aumento. Los niños, niñas y adolescentes en residencias presentan una mayor exposición a padecer enfermedades mentales de alto riesgo, las que no son tratadas oportunamente ni con la continuidad necesaria para favorecer el alta médica.

La salud mental infantojuvenil en nuestro país presenta cifras alarmantes. Un informe realizado a partir de un estudio comparativo de 24 países demostró que, a nivel global, nuestro país lidera las cifras con la peor salud mental en niños y niñas menores de 6 años; en la población infantojuvenil chilena la prevalencia de trastornos como ansiedad, depresión y conductas agresivas duplica a la que se observa a nivel global y puede llegar a entre un 20% o 25%.

Son muchos los niños, niñas y adolescentes que están presentando este tipo de patologías y que no están siendo tratadas como corresponde, no hay continuidad en los tratamientos. Y dentro de este grupo de personas, quienes son parte de residencias, presentan una vulneración aún mayor. Según la última auditoría de SENAME, en residencias de administración directa, la prevalencia de problemas de salud mental llega al 55,6%; mientras que en las de Organizaciones Colaboradoras del SENAME, entre las que se encuentra María Ayuda, llega al 34% de la población.

“Nuestras residencias acogen a niños, niñas y jóvenes que, junto con estos problemas de salud, presentan vulneraciones gravísimas y es muy probable que estas condiciones los impacten profundamente ya que han estado expuestos a situaciones de violencia física y psicológica, a traumas complejos en un contexto severo que no los escucha”, cuenta Claudia Fischer, Jefa Técnica de la Dirección Social de María Ayuda.

Es así como, las duras experiencias de vulneración vividas tempranamente al interior de sus familias por nuestros niños y niñas, genera repercusiones directas en su salud mental.  Según palabras de Claudia algunas vivencias frecuentes que se observan son, “el dolor psíquico que significa para los niños y niñas la vivencia de malos tratos, se une a la experiencia de la ineficacia de múltiples intervenciones que preceden a su internación en nuestras residencias; potenciando la sensación de desesperanza que se manifiesta en algunos casos, en conductas de gran desregulación emocional, con alto riesgo vital”.

Para que los beneficios en los tratamientos sean reales, se necesita con urgencia que la atención en salud mental de niños, niñas y jóvenes sea oportuna y de calidad. Si la salud pública de nuestro país se hace cargo del tratamiento que nuestros niños y niñas realmente necesitan, nosotros podríamos enfocarnos de mejor manera en un acompañamiento y contención cotidiano basado en los vínculos y en el trabajo con la familia, que favorezca el egreso junto a ésta.

“Necesitamos políticas de protección integrales e interministeriales, que desde un enfoque de salud comunitaria, consideren a nuestras residencias como un dispositivo interconectado; donde junto a asegurar el acceso a atención psiquiátrica y de salud mental de los NNA atendidos, se considere: dispositivos de hospitalización oportunos cuando se requiera; así como la posibilidad de existencia de residencias protegidas, que favorezcan el alta asistida, acompañada y responsable de aquellos casos que requieran manejo de contención más complejo, médico y farmacológico”, finaliza Claudia Fischer.