Sr. Director:
En estos días aparecieron dos noticias que tienen algo en común:
1. Se anuncia la evaluación de la construcción de un puente sobre el Canal de Chacao con un costo cercano a los 800
millones de dólares. Según los expertos, este puente tendría rentabilidad social positiva recién una década después
del año 2019.
2. Un informe de la Contraloría detecta que más de 6.000 menores esperan por atención en el SENAME, por falta de
recursos económicos. Se trata, nos dice la noticia, “de menores maltratados o abusados sexualmente, que precisan
de atención sicológica, ingreso a un programa de la Institución, o vivir en una residencia”.
Estas 2 noticias son hechos reales sobre los que no quiero polemizar. La primera es una buena noticia, la segunda
no. Solo me interesa que el país tome conciencia del drama de los menores que no pueden vivir en su propio hogar.
El costo anual de atender a todos estos niños y niñas que esperan, no debe ser mayor al 5% del costo del anunciado
puente. La rentabilidad social, en este caso la dignidad, es con toda seguridad infinitamente más alta que el que
tiene el primer puente. Probablemente no sea ésta una obra tan vistosa como el puente físico sobre el canal, pero
ataca una realidad y un problema sensible que no puede seguir ocurriendo en nuestro país. Sabemos que los niños
no votan ni responden encuestas, pero reflejan hoy una herida abierta de nuestras desigualdades sociales. No
podemos seguir aceptando la irresponsabilidad de decir que Chile no tiene recursos para el eslabón más débil de
nuestra sociedad, los niños gravemente atropellados en su dignidad. Solo debemos poner las prioridades en el lugar
correcto y así podremos construir un Chile más justo y fraterno.
A todos los que trabajamos por años en esta causa nos produce un inmenso dolor la noticia de que miles de niños
en riesgo psicosocial queden hoy fuera del sistema de protección, pero también nos duele que otros miles que
están dentro de él, estén bajo condiciones materiales y atención profesional totalmente precarias, precisamente
por la falta de financiamiento para ellos. Seguir apelando a que con gestiones propias de financiamiento las
Instituciones colaboradoras del Estado pueden mantener los cientos de hogares, es demasiado riesgoso e ilusorio.
Se requiere urgente una decisión de Estado respecto del financiamiento adecuado para programas de menores
como los que nuestra Institución y muchas otras tienen a su cargo. Es preocupante que un gran número de los
cierres de programas residenciales de los últimos años, esté asociado a problemas presupuestarios, y que en otros
casos la falta de recursos afecte la calidad de profesionales que se pueden contratar, o la inversión en capacitación
y perfeccionamiento. Lo mismo ocurre con la infraestructura de cada hogar.
Hoy no hay mejor inversión social para prevenir la drogadicción, el alcoholismo y la delincuencia juvenil, o para
sanar las heridas profundas de los menores maltratados en sus propias familias que invertir en programas de
prevención y reparación psicosocial, hogares que permitan acoger a estos niños que provienen de ambientes
dañados y darles una oportunidad de inserción social, laboral y familiar en la sociedad.
Por último, es cierto Sr. Director, los puentes materiales ayudan a una mejor conectividad de nuestra gente, y son
necesarios, pero los puentes de humanidad, de dignidad y de amor ayudan a crear vínculos entre dos mundos,
entre otros, el de los menores en riesgo social, que conviven uno al lado del otro y hacen que un país segregado se
encuentre de verdad.
P. Francisco Pereira Ochagavía
Director Corporación María Ayuda.