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La Corporación apoya a más de 500 niños y niñas víctimas de maltrato infantil

Modelo de Trabajo

Reparación y Prevención del Maltrato Infantil

María Ayuda trabaja por la dignidad de los niños y niñas en situación de violencia física y psicológica, abuso sexual y abandono, ayudándolos a crecer y desarrollarse dignamente; de manera conjunta con las familias de los niños y niñas, para luego de una intervención que dura entre 1 y 3 años para  reintegrarlos  a un ambiente familiar  y sano, es así como se rompe el círculo del maltrato.

La Corporación apoya a más de 500 niños y niñas víctimas de maltrato infantil, entregándoles una acogida maternal en sus Hogares y Centros para sanar sus heridas ofreciéndoles la posibilidad de mirar al futuro con esperanzas a través de distintos programas sociales, enfocados en atender a los niños de acuerdo a sus necesidades, para conocerlos pincha Aquí .

Orientación Pedagógica

La labor social desarrollada por María Ayuda está basada en la educación; en el amor, como estrategia fundamental para buscar soluciones reales, efectivas y definitivas a las problemáticas derivadas de la pobreza.

De esta forma, los programas sociales desarrollados por la obra han sido concebidos como lugares de encuentro, acogimiento, participación y desarrollo, no sólo de los niños y niñas en los distintos centros, sino también de sus familias. Junto a ellas, se busca rescatar sus valores, fortalecer sus vínculos y promover experiencias de comunión y de amor entre sus integrantes, a fin de lograr vivencias de hogar más plenas y armónicas.

Esta acción educadora de María Ayuda, se basa especialmente en la pedagogía del Padre José Kentenich, fundador del Movimiento Apostólico de Schoenstatt (1885-1968), quien quiere formar “un hombre nuevo y una nueva comunidad”, a través de la educación en el amor, basados en la pedagogía de la confianza, de la libertad y de los vínculos e ideales que sean capaces de llevar a ese hombre a la alianza con Dios a través de María.

En este itinerario pedagógico desarrollado por María Ayuda, se trata de restaurar mediante los Programas la capacidad de amar de las niñas y niños, que han sufrido la ruptura de sus vínculos familiares, restaurando o recomponiendo estos lazos dañados, para que sean sanos y profundos, y tengan una base armónica en el desarrollo de su personalidad.

En esta tarea educadora de un “hombre nuevo y de esa nueva comunidad”, la Corporación juega un rol fundamental. El vínculo espiritual con Ella, como Madre y Educadora, hace que el que le entrega su corazón de hijo, se le vaya asemejando y uniendo a ella, y, en definitiva, a su Hijo Jesús.

El fundador de María Ayuda, el Padre Hernán Alessandri, quiso desde un comienzo que la obra de María Ayuda viviese este camino pedagógico. Que cada niño y niña; que los encargados y responsables de cada hogar, y todo el que se vincule a la obra, entregue también su corazón a María en el Santuario, para dejarse educar y conducir por ella en un lazo de amor o alianza de amor, para forjar ese hombre nuevo en Cristo y María.

De esta forma, María no es solamente un impulso en la línea de la solidaridad y del servicio de nuestra obra, sino que también es un camino privilegiado de educación y transformación del corazón del que se vale María Ayuda para desarrollar su labor.

Acción Social

1.-Rescatar el valor de cada persona: su propia dignidad

A través del trabajo realizado con los niños, niñas, jóvenes y sus familias, se busca que sean capaces de ser conscientes de la dignidad que tienen por ser personas e hijos de Dios.

Que el hombre sea persona, significa que posee una naturaleza espiritual, capaz de conocer y amar, de salir de sí mismo, y establecer vínculos profundos y significativos con otras personas. Esta vinculación sustentada en el respeto mutuo, debería darse en su entorno más íntimo correspondiente a su familia, al menos durante su etapa de desarrollo, para el logro de la conformación de una personalidad sana, acorde a su ser.

Devolverles la dignidad despojada a las niñas más desvalidas, fue la profunda motivación del Padre Hernán Alessandri, quien en 1983 inicia la obra de María Ayuda, como una acción concreta que respondiera a tal necesidad vital. Su obra sigue respondiendo hoy, ante el sufrimiento de tantos niños afectados por el maltrato, el abandono, la violencia y el abuso.

2.-La vivencia del hogar

La familia y el hogar constituyen el lugar natural y el instrumento más eficaz de humanización y de personalización de la sociedad (FC, JP II). Cada vez es más clara la trascendencia que posee la familia y la vivencia del hogar, para el equilibrio y sanidad sicológicos de la persona, al igual que para la edificación de una sociedad más justa y solidaria.

No se trata sólo del hogar físico que requiere toda persona para crecer sanamente, sino también del hogar, entendido en sentido amplio psicológico-personal: Cada persona necesita saberse y sentirse amada, y el hogar, en este sentido, es el lugar privilegiado donde cada uno de nosotros puede y debe recibir y dar amor.

En todos los programas sociales de María Ayuda se procura siempre que el ambiente esté impregnado de las características del hogar: Calidez en las personas y en el ambiente externo, vínculos personales y cercanos, atmósfera familiar y personalizada, un lugar donde ellos reciban apoyo y orientación, donde se incentive su crecimiento, asemejándonos dentro de lo posible lo que más podamos a una familia natural.

Toda persona necesita de la educación, cuya base es la pedagogía del amor. Entendiendo por amor no sólo un afecto, sino un amor “pedagógico”, que acoge la originalidad de la persona y le ayuda a crecer, que desarrolla sus talentos y se integra en la sociedad.

3.-La pedagogía de las vinculaciones como acento prioritario del trabajo de María Ayuda

Vínculo significa establecer una relación de amor verdadero, personal, libre, cargada de afecto. El verdadero amor genera la posibilidad de que se cree entre las niñas y los niños una relación positiva con sus educadores. Ese vínculo incentiva el crecimiento, la conquista de actitudes, la superación personal. No basta con poner exigencias u obligaciones, no basta con instruir y proporcionar lo necesario para la subsistencia. Nuestra meta consiste en que se desarrollen auténticas personalidades, aptas para la lucha de la vida.

En cada persona se va gestando, a lo largo de sus vidas, una red de vínculos en la cual está inserta y a la cual ella coopera solidariamente con su aporte.

Si los niños y niñas de María Ayuda se sienten acogidos positivamente, irán, con la ayuda de sus educadores, desarrollando su propio YO. Aprenderán a conocerse, a quererse y valorarse como persona digna, única, original e irrepetible, cuyo aporte es necesario para construir una sociedad más sana. Aprender a aceptar su historia dolorosa y a veces traumática, conociéndola y asumiéndola como parte de su vida, les ayuda a proyectar su futuro, con todas las luces y sombras que pueda haber en su vida.

Los niños y niñas traen consigo dolorosas huellas de carencia de amor, de abusos, maltratos, de abandono y, por ello, necesitan aprender a relacionarse en forma sana con otras personas. En los hogares se procura, en primer lugar, que los niños tengan la posibilidad de sanar sus heridas, que comiencen a sentir a los demás niños como “hermanos” de casa, como amigos, educando siempre actitudes de solidaridad, compañerismo, generosidad. Este vínculo fraterno los prepara para afrontar su vida con una visión positiva de los demás, con una actitud de mayor bondad y solidaridad.

Simultáneamente tratamos de que ellos, en la medida de lo posible, establezcan una nueva relación con sus familiares.

La concepción antropológica de María Ayuda implica que la persona posee una dimensión trascendente, que de otra forma, su vida queda trunca. Por eso, se busca que el anhelo consciente o inconsciente hacia Dios, que existe en todo ser humano, encuentre también una respuesta en los hogares de la Corporación.

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