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La crisis de salud mental en los niños y jóvenes vulnerados


Según el reciente informe de la PDI sobre la realidad de los centros del Sename en Chile, tanto directamente administrados por el Estado (CREAD), como los de Instituciones colaboradoras (OCAS), en casi todos los centros que acogen a niños, niñas y adolescentes, se encuentran usuarios con complejos perfiles de salud mental. El informe da cuenta de un 37,3% que padecen alguna enfermedad psiquiátrica. Los trastornos de muchos de ellos hacen que a veces sea muy difícil que una residencia tenga una vida cotidiana normal, sin que se altere el funcionamiento del hogar.

La gravedad de esta realidad interpela a que los programas residenciales busquen alternativas que hoy no hay en nuestro país en materia de salud pública y menos en centros de protección. Se hace imposible para éstos contar con personal especializado del área de salud mental para atender a residentes de este perfil psiquiátrico.  Las dificultades a las que nos enfrentamos es que a veces se gatillan graves crisis al interior de las residencias, que pone en riesgo al mismo niño con autoagresiones o al personal que los contiene. Estas crisis están generalmente vinculadas a una carencia o dolor emocional, que muchos especialistas hoy catalogan de trastorno vincular, estrés postraumático o depresión severa, por mencionar algunos. Al buscar respuestas en los centros de salud pública nos enfrentamos en todo el país a una dolorosa realidad, y es que, no existen en la mayoría de los casos camas disponibles para ellos, por lo que después de horas, el niño o niña vuelve a la residencia, con la atención de un calmante del momento, o después de un par de días es dado de alta sin ningún tratamiento especializado, con una próxima hora de uno a tres meses más.

La preocupación de todos los que experimentamos esta realidad, nos ha llevado a hablar con las más altas autoridades de salud, sin obtener respuestas al respecto. La crisis de la salud mental, que incluye temáticas graves como los intentos de suicidio, no puede seguir sin una pronta y urgente solución. No es responsabilidad de un programa social que acoge a víctimas de vulneraciones graves de derecho, responder por necesidades que corresponden al ámbito de la psiquiatría y en concreto al área de salud, quienes pueden y deben ofrecer la condición mínima que se requiere para que niñas y jóvenes puedan recuperarse de las experiencias vividas y comenzar a desarrollar sus potencialidades.

En María Ayuda y todos quienes trabajan con residencias, hacemos todo lo humanamente posible por dar respuestas efectivas a esta complejidad, pero no será posible sostener en el tiempo este esfuerzo heroico de nuestro personal, que no se encuentra preparado para ello, pero que, por compromiso y vocación, tienen que hacerlo. Pero también muchos de ellos son sometidos a una tensión tal, que los hace a veces abandonar la tarea por los riesgos que esto conlleva.

Se hace urgente por ello, que en nuestro país se promueva la salud y bienestar de todos sus habitantes, en especial en infancia y adolescencia, dando respuesta preferencial a aquellos niños y jóvenes que han sido profundamente vulnerados en sus derechos, en donde el primer acto reconciliador hacia ellos es relevar sus necesidades y requerimientos.

Es por tanto tarea de la salud pública dar respuesta oportuna y digna allí donde se necesita intervenciones de salud mental, con horas de especialistas necesarias en urgencia infantoadolescente, en unidades de mediana y larga estadía, con recursos disponibles en profesionales, camas y tratamientos efectivos, en espacios bien tratantes que logren revertir situaciones de primera infancia, para apostar por jóvenes sanos.