El trabajo conjunto entre colegio y centro de atención le han regalado a Luis y a su familia un futuro más feliz.

Testimonios

De la mano de María Ayuda, Luis vuelve a ser niño

Luis tiene 7 años, pero al conversar con él da la impresión de que tuviera 17. Sus ojos no miran con ilusión ni la inocencia propia de los niños, sino con la certeza de que detrás de cada adulto hay un agresor. Se relaciona con los demás de manera violenta, que es el escudo que él se creó para resguardar los pocos espacios de infancia que aún le quedan intactos.

No es de sorprenderse. Su madre tuvo un embarazo adolescente a los 14 años. No completó la educación escolar y hoy está desempleada. Su papá entra y sale de la rehabilitación de drogas, tuvo una enfermedad catastrófica que lo mantiene permanentemente en riesgo vital y su cesantía aumenta la desesperación en que se encuentra. Ambos, entonces, han transformado su frustración en violencia grave hacia sus hijos.

Bajo este esquema, Luis debe hacerse cargo de su hermanito de 3 años. En ocasiones, procurar el alimento para ambos y luchar por su seguridad. ¿Dónde queda, entonces, el lugar de la educación y el colegio dentro de su vida? ¿Cómo va a tener cabeza para tomar un cuaderno si su principal preocupación es evitar que le peguen?

Otra de las paradojas de su vida es que el vivir en una de las comunas más pobres y con mayores índices de maltrato infantil le significó ver una luz de esperanza en su futuro. La cruda realidad de Puente Alto hizo que María Ayuda decidiera instalar un colegio en ese sector hace ya 10 años. Es un establecimiento con educación de calidad que vela por el desarrollo integral y feliz de sus alumnos.

Así, Luis era uno más de los 70 alumnos de 2º básico del colegio Padre José Kentenich. Gracias a la atención especializada y detallada del equipo psicosocial de la Corporación, se detectó que sus características de niño “peleador y agresivo”, que afectaban, además de sus relaciones interpersonales con pares y adultos, su rendimiento escolar, se debían a la triste realidad que vivía en su hogar.

El niño fue derivado, entonces, a otro programa social que María Ayuda tiene en Puente Alto: al centro de atención Rayún (que en el idioma nativo de Chile mapuche significa “florecer”).

Ahí, un equipo de psicólogos trabaja con él, con sus padres y su hermano, para transformar su hogar en un ambiente de paz y confianza. El trabajo conjunto entre colegio y centro de atención le han regalado a Luis y también a su hermano chiquitito, a su papá y a su mamá un futuro más feliz, sin violencia y con esperanzas de salir adelante.

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